dissabte, 29 d’agost de 2015

una tassa de te


Las lágrimas siempre fueron lágrimas de asombro y gratitud. Recuerdo la primera vez que alguien me trajo una taza de té, me derretí con el esplendor de todo ello. Nunca antes había visto una taza de té. No sabía que hiciéramos eso aquí. El hombre sirvió el té, y mis ojos comenzaron a desbordarse como el té que servía. Era tan bello, y había en ello tanta generosidad. Sentí tanto amor que solo podía morir en ello y seguir muriendo. No había forma de contenerlo, era tan grande. El té se vertía, un acto de pura bondad, y las lágrimas salían de mí en la misma medida, recibiendo y revirtiéndose, devuelto a sí mismo, no a nadie ni de nadie. Y nadie podía entender porque yo estaba sollozando. Todos pensaron que estaba triste. No había forma en que pudiera expresar lo emocionada que estaba, y que era gratitud lo que me salía a borbotones.

1 comentari:

Siddharta ha dit...

Un text que és meu i és vostre i no és de ningú, malgrat que l’he trobat en un llibre: “Mil nombres para el gozo”, de Byron Katie. Una experiència que no és de ningú, i és de tots.