divendres, 13 de febrer de 2015

Hacer zazen, mushotoku, sin meta ni intención de provecho, es verdadera pureza, verdadera fuerza. A veces surgen ilusiones, pero pasan como los sueños o como las nubes delante de la luna. Las ilusiones son como el mendigo que os hostiga sin cesar. Por mucho que lo ahuyentéis, siempre vuelve pero al final abandona; os volveis para ahuyentarlo otra vez o bien para ceder ante él, y ya no hay nadie ... Es el satori.